¿Por qué es importante consultar con los adoptados sobre la política?

Por Antonio Manuel Cadenillas Díaz, adoptado peruano criado en Canadá

Me parece absurdo pensar lo contrario de lo que alguna vez pensé, pero no siempre ha sido así. Una vez pensé que la adopción era lo mejor. Todavía me dicen que tengo suerte de ser adoptado. Hasta me lo creí, hasta que ya no pude más. Ahora bien, creo que la suerte no desempodera a las mujeres hasta el punto de arrinconarlas para que renuncien a sus bebés. La suerte no avergüenza ni obliga a las madres solteras a renunciar a sus bebés. La suerte no secuestra a los bebés para venderlos a personas de países desarrollados. La suerte no enferma a una madre de preocupación por su hijo perdido porque no tiene idea de dónde están. La suerte no quita a los niños de familias que aún los buscan para dárselos a otra familia en un país extranjero.

No soy huérfano. Cuando terminé en un orfanato, mis padres aún vivían.

¿Un médico trataría a un paciente consciente sin hacerle ninguna pregunta? ¿Qué pasa si vas a ver a un terapeuta y te dicen que cierres la boca y lo escuches durante toda la sesión? ¿Te gustaría otra sesión con él? ¿Irías al restaurante y dejarías que el mesero escogiera tu comida? ¿Podrían los no conductores tomar decisiones informadas con respecto a las políticas de conducción segura? ¿Qué puede salir mal?

Más que nunca, es hora de que los adoptados tomen asiento en la mesa cuando se trata de políticas relacionadas con los adoptados y la adopción. La invisibilización de los adoptados al forjar políticas de adopción efectivas no sirve a sus mejores intereses. Especialmente si la alternativa es obtener más información de agencias de adopción problemáticas, instituciones religiosas o padres adoptivos. ¡Más que nadie, los adoptados saben lo que es mejor para los adoptados!

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